En la actualidad, las áreas de tecnología se encuentran continuamente ante un torrente de solicitudes y tareas que parecen críticas para el negocio. Las demandas de diferentes departamentos, oportunidades de mercado y cambios regulatorios aumentan la presión sobre los equipos de TI, haciendo que cada iniciativa se perciba como prioritaria. A primera vista, esto puede llevar a la sensación de que todo es urgente y nada puede esperar. Sin embargo, avanzar sin un criterio sólido de priorización puede derivar en sobrecarga, dispersión de recursos y falta de resultados tangibles.
Una primera aproximación para abordar esta problemática es analizar las razones detrás de la aparente urgencia de cada entrega. Muchas veces, la presión por ejecutar responde a objetivos del negocio difíciles de comunicar o al temor de perder oportunidades. Por eso, es esencial descomponer estas demandas en piezas evaluables y conectar cada proyecto con una métrica de impacto relevante, antes de sacar conclusiones sobre el verdadero nivel de urgencia que amerita su atención en el portafolio.
Una de las principales dificultades que enfrentan los equipos de TI cuando hablan con el negocio es el lenguaje. Mientras que el equipo técnico suele enfocarse en funcionalidades, soluciones y arquitectura, las áreas de negocio requieren visualizar beneficios prácticos y retornos de inversión. Cuando ambos lenguajes no están alineados, existe el riesgo de que la urgencia se perciba de manera subjetiva en lugar de objetiva.
En este contexto, es imprescindible establecer entregables claros, que transformen ideas complejas en resultados fácilmente verificables. Esto se logra desglosando cada proyecto en componentes que respondan a preguntas como: ¿qué obtiene el usuario o el área con este desarrollo? ¿cómo medimos el avance de manera transparente? y ¿cuándo podemos esperar ver el impacto comunicado al negocio?
Una vez que los entregables se encuentran correctamente definidos y son comprensibles para todas las áreas, el siguiente paso para priorizar es vincular cada esfuerzo con una métrica de negocio clara. TI y las áreas de negocio suelen operar con indicadores diferentes, pero cualquier iniciativa de tecnología debería contribuir de algún modo a un objetivo estratégico: crecimiento, eficiencia, satisfacción del cliente, cumplimiento regulatorio o reducción de riesgos.
Antes de cualquier priorización, es recomendable analizar en detalle cómo cada proyecto podría incidir en una métrica reconocida y relevante, que sea fácilmente entendible en el entorno empresarial. Por ejemplo, en lugar de hablar de "actualizar base de datos" como un fin en sí mismo, conectarlo con "mejora la disponibilidad del sistema de ventas en hora pico" tiene mucho más sentido para las inquietudes comerciales.
El desafío de priorizar cuando todo parece urgente requiere contar con herramientas y marcos de referencia adecuados. Existen diferentes metodologías que permiten articular los criterios de decisión entre entregables y métricas de negocio. Este tipo de frameworks ayudan a estructurar el proceso y calificar cada proyecto de acuerdo a su valor, urgencia real y grado de factibilidad, antes de tomar cualquier decisión sobre el calendario de ejecución.
Algunos de los frameworks más utilizados incluyen:
Utilizar estos enfoques no sólo ordena la toma de decisiones, sino que también facilita la justificación de prioridades ante líderes y stakeholders, minimizando la subjetividad y defendiendo la agenda de TI con base en resultados concretos.
Definir prioridades correctas es sólo parte del desafío. Implementarlas requiere una gestión del cambio efectiva, tanto hacia el interior del área técnica como en la comunicación con el negocio. La resistencia suele surgir cuando los equipos sienten que sus necesidades no son escuchadas, cuando no entienden los criterios de priorización o cuando los cambios en el camino no se comunican con claridad.
Es crucial establecer procesos recurrentes de revisión del portafolio, abiertos y colaborativos, donde los criterios de medición y las métricas utilizadas puedan actualizarse de acuerdo a las necesidades cambiantes de la organización. La transparencia en cada fase del proceso de priorización contribuye a cimentar relaciones de confianza y a minimizar el conflicto por recursos escasos.
La priorización efectiva de un portafolio de tecnología, en especial cuando todo parece urgente, no ocurre por accidente. Exige un enfoque estructurado para traducir solicitudes en entregables claros, conectar cada esfuerzo con métricas de negocio y utilizar marcos de decisión objetivos. Al lograr esto, los equipos de TI pueden defender su agenda de trabajo, aportar valor estratégico y fomentar la colaboración interdepartamental mediante la transparencia y la gestión del cambio.
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