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Gobierno de proyectos: transforma comités en decisiones ágiles

La realidad actual del gobierno de proyectos en salud y tecnología

En el sector salud y la industria tecnológica, los proyectos innovadores suelen implicar varios equipos interdisciplinarios y procesos de aprobación complejos. Tradicionalmente, el gobierno de proyectos se ha apoyado en estructuras jerárquicas y comités largos que buscan incluir a todos los interesados posibles. Esta modalidad pretende garantizar transparencia, control de riesgos y alineación con los objetivos institucionales. Sin embargo, la proliferación de comités eternos muchas veces genera ralentización de la toma de decisiones, pérdida de foco e inflamación de documentos y reportes que no necesariamente impulsan la ejecución.

El contexto digital y los nuevos modelos de innovación exigen capacidad de respuesta más rápida y ciclos de entrega más cortos. Si bien es cierto que en salud la regulación demanda rigurosidad, también es claro que la velocidad de adaptación puede marcar el éxito o el fracaso de una iniciativa. El reto es conservar el control sin comprometer la agilidad, facilitando decisiones semanales y resultados tangibles.

Identificando los puntos de dolor: ¿Por qué los comités se vuelven eternos?

El primer paso es entender por qué persisten los comités extensos y la lentitud en la toma de decisiones. Generalmente, esto ocurre por:

  • Búsqueda de consenso excesivo entre demasiados participantes.
  • Falta de claridad en roles y responsabilidades.
  • Reportes densos, poco orientados a impacto y con lenguaje técnico difícil de entender para el negocio.
  • Miedo al error, que genera parálisis por análisis en escenarios regulados o de alto riesgo.
  • Ausencia de métricas claras que reflejen el avance real y permitan conexión directa con los objetivos organizacionales.

Esta situación se traduce en agendas saturadas, decisiones pospuestas y una desconexión entre el día a día del proyecto y el propósito estratégico de la compañía. El costo de oportunidad de no decidir a tiempo es elevado, especialmente cuando la competencia innova con agilidad y los pacientes o usuarios esperan mejoras tangibles más rápido.

El paso a la agilidad: Decisiones semanales basadas en entregables claros

Adoptar un modelo de gobierno de proyectos más ágil implica transformar rituales y estructuras. Antes de establecer reuniones semanales, es fundamental redefinir cómo se mide el progreso y qué información realmente necesita el negocio para decidir con confianza. Dejar de lado la exhaustividad documental por el foco en entregables intermedios –aquellos que se pueden evaluar de forma objetiva y en periodos cortos– permite dinamizar la toma de decisiones sin perder el control esperado.

Para dar el salto efectivo a decisiones semanales, es necesario diseñar ciclos de status (o sprints) basados en los siguientes principios:

  • Reuniones focalizadas con roles precisos – los tomadores de decisión deben ser los protagonistas.
  • Agenda orientada a resolver bloqueos y actualizar avances, no a analizar información histórica extensivamente.
  • Entregables claros al final de cada ciclo, que puedan ser validados por todos los actores clave.
  • Comunicación concisa, preferiblemente visual, que traduzca el estado del proyecto al lenguaje del negocio.

Esta estructura permite a los equipos responder de forma rápida a cambios, iterar sobre necesidades emergentes y ajustar prioridades según datos de impacto real. Además, ayuda a disminuir la fatiga de reuniones y a restaurar la motivación de los equipos al ver resultados parciales avanzando semana a semana.

El rol de las métricas: Traduciendo valor para el negocio

Un error frecuente es suponer que las métricas técnicas –como porcentaje de tareas completadas o software desplegado– reflejan el avance relevante para la organización. La verdadera clave está en “atar” los indicadores de proyecto a resultados que el negocio pueda comprender y valorar. Esto es especialmente importante en sectores como salud, en donde la inversión en tecnología debe justificar mejoras directas en procesos, experiencia de usuario o cumplimiento normativo.

Para que el gobierno de proyectos sea útil y transparente, las métricas deben cumplir con algunos criterios fundamentales:

  • Estar alineadas a los objetivos y prioridades estratégicas definidos por el negocio.
  • Expresarse en términos de impacto (costos, tiempos, calidad, satisfacción del usuario, cumplimiento legal, etc.).
  • Poder medirse y reportarse en intervalos cortos, facilitando retroalimentación y ajuste rápido.
  • Ser comprensibles por todos los miembros relevantes del comité, sin exceso de tecnicismos o jerga especializada.

Diseñar cuadros de mando sencillo, priorizando pocos indicadores clave y visualizándolos en gráficos o tableros interactivos, marca la diferencia para conseguir discusiones efectivas y decisiones bien informadas en cada sesión semanal.

Transformando la cultura: Del miedo al error a la iteración colaborativa

La mentalidad de control extremo y aversión al error suele estar arraigada en sectores regulados como la salud. Sin embargo, la innovación requiere espacio para experimentar, equivocarse rápidamente y aprender del proceso. La transición hacia ciclos de decisión cortos ayuda a desmitificar el fracaso, convertir los errores en aprendizajes valiosos y fortalecer el vínculo entre áreas técnicas y de negocio.

Impulsar esta transformación implica trabajar en hábitos culturales:

  • Celebrar avances, aunque sean parciales, y reconocer los aprendizajes de cada ciclo.
  • Facilitar espacios de feedback transversal, donde se destaque la mejora continua sobre la perfección inicial.
  • Apoyar la toma de decisiones compartidas y rápidas, protegiendo a los equipos de la penalización excesiva por fallas acotadas.

Cuando los comités pasan de ser mecanismos de control reactivo a convertirse en foros de colaboración orientados a la acción, el gobierno del proyecto gana dinamismo, sentido y confianza compartida en los resultados.

Conclusión y próximos pasos: El valor del gobierno eficiente de proyectos

Implementar un gobierno de proyectos que evolucione de comités eternos a decisiones semanales no solo libera tiempo y agiliza los resultados, sino que también fortalece la conexión entre innovación tecnológica y valor tangible para el negocio en salud. El secreto está en definir entregables claros, medir el progreso con indicadores útiles para la organización y cultivar una cultura abierta a la iteración.

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