La seguridad informática en clínicas ha dejado de ser una cuestión solo de grandes hospitales o sistemas complejos: la digitalización en todos los niveles del sector salud ha colocado datos sensibles, agendas clínicas y procesos operativos a un clic de distancia de potenciales amenazas. Bajo este contexto, surge el enfoque "Zero Trust" como una de las estrategias más relevantes para reducir riesgos.
El principio fundamental de Zero Trust se basa en algo sencillo: nunca confiar, siempre verificar. Esto significa que ningún acceso, usuario, dispositivo o proceso obtiene permisos predeterminados solo por estar dentro de la red o por tener cierto “estatus”. Sin embargo, trasladar este paradigma a la operación diaria de una clínica puede parecer un reto titánico si no lo aterrizamos de manera pragmática.
Para lograr una verdadera protección, es fundamental incorporar una capa de escepticismo (saludable) en cada interacción digital, desde la gestión de historia clínica electrónica hasta el acceso de proveedores externos. Por eso, comprender bien el enfoque y sus objetivos es clave antes de aterrizar cualquier medida práctica.
En la operación diaria de una clínica, surgen retos particulares en materia de ciberseguridad. Muchas veces, el presupuesto y los recursos técnicos son limitados, lo que obliga a priorizar acciones con impacto directo y medible. Además, el personal asistencial depende de sistemas ágiles, y cualquier obstáculo tecnológico puede traducirse en demoras para los pacientes.
En respuesta a estos retos, un modelo Zero Trust permite limitar los riesgos mediante la segmentación y el monitoreo constante, y construye resiliencia ante ataques cada vez más sofisticados.
El despliegue de un modelo Zero Trust no significa colocar una “muralla” alrededor de la clínica ni exigir inversiones fuera de alcance. Al contrario: la premisa pragmática es establecer controles mínimos viables que permitan avanzar de manera gradual, medible y sostenible.
Fijar controles mínimos viables es preferible a buscar protección total desde el inicio; la clave reside en facilitar medidas realistas alineadas con los procesos diarios.
En una clínica, la seguridad no solo debe implementarse, sino también demostrarse. Las normativas estatales y federales, así como los procedimientos de certificación, suelen exigir evidencia documentada de cada paso dado en materia de protección de la información.
Para aterrizar Zero Trust de forma útil, es fundamental desarrollar mecanismos de evidencia sencillos, eficientes y fácilmente revisables:
La generación de evidencias no debe convertirse en una carga, sino en un aliado para demostrar cumplimiento y facilitar la corrección oportuna de cualquier vulnerabilidad.
Un error común en la implementación de estrategias de seguridad avanzadas como Zero Trust es considerar la operación clínica como una estructura estática. Sin embargo, las dinámicas diarias en una clínica exigen flexibilidad, rapidez en la respuesta y adaptabilidad ante cambios.
Por ello, la integración de controles debe considerar los siguientes aspectos:
Adoptar Zero Trust no significa sacrificar agilidad, siempre que la estrategia esté alineada con las necesidades reales de la atención médica y los flujos cotidianos.
Adoptar Zero Trust en clínicas significa transformar la manera en que asumimos la protección de datos y la operación informática, integrando controles mínimos viables, generando evidencias prácticas y manteniendo siempre la atención centrada en el paciente. El reto está en avanzar de manera escalonada, involucrando a todo el equipo y adaptando la tecnología a los procesos clínicos, no al revés.
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